martes, 25 de agosto de 2015

SARA: ¡Hola primo!
VICENTE: ¡Primita! ¡Cómo estás!
Ambos primos se saludaron con un beso y un abrazo. Desde pequeños se habían llevado muy bien juntos, y este hecho, ahora al final de la veintena no había cambiado.
VICENTE: ¿Qué tal está tu novio, Luis?
SARA: Bien… Gracias por acompañarme hoy con el coche a hacer las compras de Navidad. No te abría molestado si no fuera porque justo hoy tiene que trabajar.
VICENTE: nahhh. No te preocupes, yo encantado.
Llegaron al centro comercial, y Vicente se recreó viendo cómo bajaba su prima del coche. Su abrigo no dejaba apreciar gran cosa, pero sus vaqueros ceñidos divulgaban la esbelta figura de la chica.
Las compras se prolongaron hasta por la tarde, y tuvieron que hacer entre medias una parada para comer en el propio centro comercial. Atardecía cuando Vicente se disponía a devolver a Sara a su casa.
VICENTE: antes de volver a casa me gustaría llevarte a un sitio cercano al que íbamos de pequeños.
Sara estaba contenta de estar en aquel sitio. Debido al frío propio del invierno, no había nadie en aquel prado con mesas donde de pequeños solían hacer picnics familiares. Pasearon un rato juntos y muertos de frío se metieron juntos en la parte de atrás del coche.
SARA: ha sido un día genial, gracias Vicente.
VICENTE: gracias a ti. ¿Te acuerdas aquel día que jugamos a beso, verdad, mentira y atrevimiento?
SARA: ja, ja, ja. ¡Cómo olvidarlo! Si nos enseñaste el pito a mi hermana y a mí.
VICENTE: ¡Anda que no os reísteis!
SARA: ¿y qué quieres, una compensación por ello?
VICENTE: ¡Pues sí!
Sara se desabrochó el abrigo, cogió una mano de Vicente y la acercó a uno de sus pechos. Éste sonrió, y sin perder el tiempo sacó la teta fuera y la manoseó. Dejó la otra al descubierto y tras acariciar sus pezones rosados, los chupó con la punta de la lengua.
VICENTE: No sabes la de pajas que me he hecho pensando en ti, Sara.
SARA: ay Vicentito, cómeme bien las tetas.
El aludido las estrujó entre sus manos y las babeó a base de chupadas y lametones. Empezaron a morrease al tiempo que Sara acariciaba con su mano el paquete de él. Vicente le ayudó a quitarse la parte de arriba y el sujetador para volver a cargar con sus tetas.
SARA: a ver cómo está esa pollita, que hace tiempo que no la veo.
Hábilmente, la morena desabrochó y metió la mano dentro del pantalón de él. Y él, hizo lo propio. Se masturbaron bajo la ropa entre gemidos ajenos a que estaban en un sitio público. Sara se las ingenió para sacar la polla de Vicente y empezó a masturbarle con rapidez.
SARA: ¿quiéres que te la chupe? – le dijo al oído
VICENTE: siiiiiii.
SARA: ¡pídemelo!
VICENTE: chúpamela. Chúpamela. ¡Por favor, chúpamela!
Sara, obediente, se inclinó y empezó a chupársela. Él le manoseaba las tetas y de vez en cuando le acariciaba el pelo.
SARA: ahora me toca a mí. ¡Primo, cómeme el coño!
Sara se tumbó y su primo le quitó el pantalón y el tanga. Ella abrió las piernas y el chico hundió su cabeza entre sus piernas.
SARA: síiii primooo. Mmmmm. Me encanta.
VICENTE: ¿quieres que te folle primita?
SARA: siiii Vicenteee. ¡Fóllameee!
Se subió encima suya y empezó a metérsela en la postura del misionero. Ella no paraba de gemir al mismo ritmo que sus tetas saltaban con cada embestida.
SARA: siéntate.
Él obedeció, y ella se subió encima de él cabalgándole. Vicente le estrujaba y chupeteaba las tetas mientras ella cabalgaba.
La chica cambió de postura y se puso a cuatro patas esperando a que le penetraran. Él no se hizo de rogar y se la metió de un empujón. Con la fuerza de las embestidas Sara apoyó su cara contra el cristal.
VICENTE: joder Sara, estoy a punto de correrme.
Ella se sentó en el asiendo y empezó a chupársela mientras le masajeaba los huevos. Él gimió y ella se la sacó de la boca mientras le seguía masturbando. Largos chorros de semen cruzaron líneas sobre la cara y un pecho de la chica.
VICENTE: ha sido increíble Sara.
SARA: espero que no sea la última vez.

domingo, 23 de agosto de 2015

LA PUTA primera parte (narrada por él)
¿Qué cómo conocí a mi esposa? He de decir que no fue una manera muy romántica ni mucho menos la que toda pareja desearía, más bien fue extraña, curiosa, adictiva… aunque al final ella se encargó de ponerle ese toque romántico que toda mujer lleva dentro.
Los dos estudiábamos en la misma universidad, aunque éramos muy diferentes. Ella era algo así como la mujer inalcanzable, la mujer ideal que todo chico de la universidad soñaba tener: bonita, alegre, divertida, sociable, de buen cuerpo. Yo no era la excepción y deseaba o más bien soñaba, de una manera muy ilusa, en que fuera algún día mi novia. Eso estaba muy lejos de suceder aunque un día todo pareció cambiar mágicamente en mi vida. Mientras comía en la cafetería ella se me acercó y comenzó a hacerme la plática, por un momento pensé que había visto en mí algo interesante como para haberse atrevido a tal cosa, pero pronto mi ilusión se cayó cuando supe que se interés se basaba en que yo era un buen amigo del tipo más atractivo de la escuela, Ryan y su intensión era solamente acercarse a él tomándome como pretexto.
Era de los pocos chicos que le hablaban a ella, así que tenía cierto privilegio por eso decidí servir de enlace. Ver cómo se desvivía por él hizo que yo sintiera un mundo de celos, al no poder lograr el mismo efecto en ella. Para mi fortuna Ryan tenía tantas admiradoras, y aparte novia, que desde que se enteró que ella quería con él me hizo ver que su interés, por ella, era relativo; o mejor dicho meramente sexual, ya que desde que se lo presenté me pidió le aclarara que no había otro interés mas que el sexual. Él fue muy claro: “No quiero ningún tipo de relación que no sea netamente sexual”. De momento me emocionó eso porque creí que ella rechazaría una oferta tan denigrante, pero para mi desgracia eso no le importó, ya que con tal de estar cerca de él aceptó las condiciones, y eso me hizo enfurecer y envidiar aún más a Ryan.
Traté de tomar las cosas con calma pensando que quizás si mantenía el acercamiento con ella podría sacar algún provecho, y por qué no, aún podría ser mi novia.
Así las cosas, hablar de sexo era realmente nuestro único tema, eso de alguna manera me emocionaba porque significaba que podía hablar cosas atrevidas con la mujer que me encantaba, aunque no fuera yo la persona que le importaba. Ella me pedía consejos para poder atraparlo y conociendo los gustos de mi amigo no dudé en decirle lo siguiente pensando que tal vez la podría hacer sentir denigrada y lo rechazara: “Le encantan las putas, debes ser lo más puta posible y verás que lo atrapadas. Tú misma lo has visto le encanta hablar de sexo. Se la más dispuesta a complacerlo en todo y verás que será tuyo”. No sé si fue la indiferencia que el mostraba al principio o en verdad lo guapo de Ryan la estaba volviendo loca, pero sentía como ella poco a poco se iba obsesionando, así que decidió seguir mis consejos y se mostró más dispuesta a complacerlo en todo. Y yo muriéndome de celos, aunque he de confesar que también sentía algo de excitación en todo este juego.
Al poco tiempo de presentarlos, los tres empezamos unos juegos bastante tentadores y adictivos, primero todo era en pláticas en la escuela, quizás no tan atrevidas, pero después él acostumbró escribirle cartas en donde le decía todas las fantasías que le gustaría ella le cumpliera, nunca leí yo esas cartas pero sé que la estaban enloqueciendo, nunca había visto a una mujer hecha una loca por un hombre. No tardó en que la primera cita se diera. en la que debido a mis celos le pedí a Ryan me invitara, y así fue, aunque tuve que pagar por ello, así como también tuve que pagar la cuenta, lo bueno que por dinero nunca he sufrido.
Así que acordamos que hubiera una cita en donde fuéramos los tres, pero él se la condicionó diciendo que ese día, mientras estuviéramos juntos, ella sería llamada “la puta” y a nosotros debería llamarnos “amos” o por nuestro nombre; ella estuvo de acuerdo. Aunque no fue lo único que le pidió, yo le sugerí que le exigiera llevar una falda o un vestido; argumentando que de esa manera sería más fácil lograr algo, en la calle, si llegaba a ser nuestra intensión tocarla, y me hizo caso.
Todo se tornó muy adictivo para los tres y opinábamos mil cosas de lo que podía ocurrir esa noche, así que esa primer cita resultó muy morbosa. Aquel día tal como lo advirtió Ryan desde que pasamos por ella la llamamos “la puta” y de ahí nos fuimos a un bar en el centro de la ciudad.
—¿Qué se siente ser la puta de dos hombre? —preguntó Ryan.
—No lo sé, nunca lo he hecho, pero creo que puede ser rico —sonreía nerviosamente.
—Antes de continuar me gustaría poner algunas reglas —comentó Ryan.
—Ok —contestó ella poniendo mucha atención.
—Bien, sabes que hablando de temas sexuales, las mujeres me gustan muy putas, por eso quiero que seas la mejor. Así que me interesa que seas muy obediente por eso cuando se te pida algo me gustaría lo hagas al momento, sin preguntar. Por otro lado eres libre de decidir en que momento te puedes retirar de esta relación, pero mientras estés aquí harás todo lo que se te pida.
—Está bien, acepto —respondió sin objeción, ya que desde antes le habíamos advertido de que se trataba esa reunión. Y yo muerto de coraje no comprendía como podía caer ella tan bajo o más bien era pura envía que le tenía a mi amigo por no ser el hombre que lograba todo ese dominio sobre ella.
Continuamos platicando con normalidad y ella en todo momento estuvo muy participativa aunque la plática no era nada fuera de lo común, hasta que a Ryan se le ocurrió empezar a ponerla a prueba.
—Bien, veamos que tal funciona esto —la miró fijamente— No quiero que comentes nada hasta que se te ordené.
Tal cual él lo pidió ella se quedó callada solamente mirando, sin ninguna expresión, a lo que nosotros comentamos.
—Me agrada las mujeres así de obedientes, creo que me gustaría cogérmela. Mírala tiene una boca muy carnosa que seguramente da las mamadas más ricas.
En realidad me hizo temblar su comentario y en el fondo pensaba en como evitar tal cosa; aún tenía las esperanzas de que ella pudiera ser mía primero, tenía la creencia de que si ella lo hacía primero conmigo abriría su corazón y terminaría siendo mía.
—Sin duda se ve que es muy buena en eso. ¿Y cómo te gustaría cogértela? —pregunté.
—Pues creo que sería buena cogérmela en le auto, ahora que salgamos, mientras tú manejas.
Traté de evitar tal cosa.
—Aunque pienso que primero deberías de castigar porque que ayer que platicaba con ella me comentó que dudaba en venir a esta cita.
—Eso no es cier… —intentó terciar ella.
—¡Cállate! No te he dicho que no hables —se mostró molesto Ryan.
—Pero es que no es…
—¡Te he dicho que no hables!
—Está bien.
— Y discúlpate con él.
Hizo muecas de enojo, después agachó la cabeza y se dirigió a mí:
—Lo siento mucho soy una tonta por intrometerme.
—¿Nada más así? —Pregunté.
—¿Qué más puedo hacer para que me perdones?
Volteé a ver a Ryan y le pregunté si podía acercarme, él lo aprobó.
Me senté junto a ella, le tomé la mano y la puse sobre mi pantalón justo arriba de mi pene e hice que lo frotara, ella volteó a ver a Ryan para ver si aprobaba aquella situación, lo cual así sucedió. Pronto él se dio cuenta que mis intensiones eran llegar más lejos por eso rápido intervino diciendo que se le había ocurrido otra cosa como castigo.
Él llamó al mesero a quien le pidió conseguir un plátano. No tardó mucho para que él regresara con el pedido en un plato.
—Creo que es buena idea lo del castigo ya que le falta algo de educación.
Pelo el plátano en su totalidad para dárselo en la mano.
—Chúpalo hasta que se deshaga, sin morderlo —le ordenó.
Lo tomó con demasiada precaución y duda, temiendo que la demás gente se enterara de lo que iba a hacer. Pero llegó el momento en el que cerró sus ojos y lo fue chupando poco a poco, una y otra vez. Nosotros continuamos platicando hasta que lo batido se fue reflejando en la mano así como en la comisura de su boca y al final parte de él terminó resbalándose hasta caer en su vestido, ya que final el plátano estaba demasiado aguado.
Ella intentó limpiarse la mano y boca, pero él le ordenó que no lo hiciera. Obedeció y seguimos platicando hasta que hubo un momento en el que Ryan se le acercó y con su mano le limpió la comisura de la boca mientras escuchaba que le decía: “Cierra los ojos e imaginado que todo este es mi semen, el que te vas a tragar, perra” y le metía el dedo para que se comiera. Volvió a hacer lo mismo pero ahora los residuos los embarró en la entrepierna metiendo su mano, no sé hasta donde, pero seguramente lo hizo hasta su vagina ya que ella respingó ligeramente, y ella continúo callada sin decir nada. Alrededor de su boca aún seguía ligeramente sucia, lo cual mi amigo limpió dándole una larga lamida que atravesó de lado a lado . Me tenía realmente tenso todo eso, yo no deseaba que la siguiera tocando ni que la besara, pero seguramente ella pensaba y deseaba lo contrario, podía ver la emoción en su rostro. Para mi desgracia, él metió su mano izquierda entre su cabello, la sujetó con firmeza y le plantó un tremendo beso, su ansiedad era evidente mostrándose en la manera que mamaba tratando de sacar el mayor provecho de ese beso, mientras él, con la otra mano, le apretujaba su vagina, y agregó:
—Ya está mojada la zorra —y ella se sonrió apenadamente.
—Así me pones, mi amor.
“¿Mi amor? ¿Será que a estas alturas ya lo amaba?”, Me preguntaban por dentro arrepintiéndome de haber ido a esa cita.
Para mi bien, el resto de la noche él permaneció serio con ella, más bien como enojado. La plática siguió y Ryan le preguntó que le parecía la idea de ser cogida por nosotros dos. Ella aceptó diciendo que le sonaba rico, pero que solamente se atrevería si él deseaba que así fuera, aunque agregó que primero le agradaría ser su puta de él nada más.
Logré convencer que esa noche no le hiciera nada, como castigo por haber desobedecido, y conseguí que así fuera. Más tarde fuimos a dejarla a su casa no sin antes Ryan le comentó que esa noche no se la iba a coger como castigo por no haber obedecido todo al pie de la letra. Eso me gustó ya que seguía sintiendo que podía ser ella mía, pero lo que no me gustaba es que ella seguía muy perdida por él, de hecho hasta triste se puso por la indiferencia que él mostraba y me pedía que hablara con él y le dijera que ya iba a obedecer como él quería; realmente se estaba obsesionando mucho por él, y ahora me daba cuenta que sería capaz de cualquier cosa por atraparlo.
Como he dicho, cuando estábamos los tres todo el tema era sexo, ella la puta y nosotros los amos, pero cuando yo platicaba con ella a solas la cosa era diferente, éramos más amigos y me confiaba sus emociones, por eso mismo tenía que escuchar cuanto le encantaba mi amigo, y eso era lo más feo que me podía ocurría.
Tal situación, en la que solamente vivía ella para él, me hizo pensar un último plan del cual podría sacar bien provecho para lograr algo con ella, y creo que no perdía nada en intentarlo. Mi plan nació del mismo hecho de que él estaba muy indiferente con ella, así que el día que le comenté a Ryan lo preocupada que estaba ella por su enojo le pedí que me hicieran un gran favor “de amigos”. Le propuse a mi amigo que me diera la oportunidad de intentar estar con ella primero a cambio de una gran cantidad de dinero. Convencerlo no fue tan difícil ya que por un lado el dinero fue un factor muy seductor y por el otro creo que me subestimó; no consideraba que ella podría preferir a alguien como yo en vez de él. En fin el trato fue que le dejara de hablar por 15 días y en ese tiempo yo me encargaría de mi plan.
Mi plan consistía en que, argumentando que él no deseaba hablar con ella, elaborar una carta, perfectamente bien hecha, en la cual supuestamente Ryan le preguntaba si estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para que la perdonara, y ella sin dudarlo le contestó que sí. Ryan supuestamente le escribió otra carta de regreso en donde le especificaba claramente lo que debía hacer para que la perdonara, con la amenaza de que si no lo cumplía al pie de letra ya no volvería a saber de él. En la carta él le pide que le mandara unas fotos muy sensuales jugando con un dildo, tomadas en un hotel y que me debe pedir a mí el favor de tomárselas. Ella le contesta que teme que estando en un hotel y tomando fotos de esa manera yo podría intentar algo y que prefería que él se las tomara, porque era con él con quien deseaba hacer el amor; ¡esa era justo la respuesta que esperaba! Así que Ryan en un tono muy molesto y mandón, le contestó que no le importa, que lo haga y si llega a darse aquello que teme que debía complacerme sin objeciones, y al final agregó, el supuesto Ryan, que le excitaba la idea de verla hacer el amor con otro hombre. Tiradas las cartas no me queda mas que esperar si daba resultado mi plan.
Por primera vez me daba gusto que ella estuviera tan enajenada con Ryan. Al otro día me llama y me pide de favor que le tome esas fotos, finjo no saber nada y acepto, lo planeamos y nos fuimos a un hotel. Ella actúa de tal manera que no da pie a que yo intente algo, de hecho se porta reservada y las primeras fotos son muy bobas; ¡tenía que hacer algo o no iba a lograr nada!
—La realidad es que Ryan me comentó algo sobre esto y él deseaba fotos mucho más atrevidas, si tu le enseñas esto creo que lo harás enojar más.
—¿Qué sugieres? —preguntó con cierta resignación.
—Para empezar creo que debes actuar más sexy.
—Pero estoy algo nerviosa.
—Lo sé, pero de hecho él me pidió que te tratara como una puta; para que las fotos salieran mejor.
—Está bien, lo intentaré, dime que hago.
—Para empezar creo que debes levantarte el vestido hasta descubrirte tu panty y acaríciate encima de ella.
Lo hizo de manera nerviosa y torpe, creo que aunque no era yo el hombre que le interesaba de todas maneras el estar haciendo algo así frente a un hombre le provocaba ciertas emociones.
—Creo que tendré que hacerle caso a Ryan y tratarte como un puta —me miró con resignación agachando la cabeza.
Me acerqué hasta levantarle más el vestido, le di unas palmadas sobre su vagina y le estruje la vagina.
—Así te debes tocar como un puta —enseguida sentí que su panty se mojó, y ella gimió ligeramente.
Tenía que seguir aprovechando ese momento y le metí uno de mis dedos y como ya no podía disimular su excitación se confesó.
—Creo que me estoy calentando.
—Eso es bueno, así saldrás mejor, no te detengas.
Seguí aprovechándome de la situación y le pedí que hiciera gestos de excitación, ya con mi dedo dentro no le fue tan difícil hacerlo. Bajé el vestido hasta desnudar sus tetas, y las estrujé. Tomé el dildo y se lo metí en la boca.
—Ahora sí pareces una puta, debes mamarlo como una zorra y si no lo haces bien te daré a mamar otra cosa.
Cerró sus ojos mientras mamaba el dildo y yo por mientras seguía dedeándole la vagina.
—Ahora debes empinarte.
Ella la obedecía si objeción, quizás más guía por sus deseos que por complacer a Ryan. La acomodé en la orilla de la cama y continué tomándole fotos así como también metiéndole mis dedos, nada más que ahora sumé uno en su ano. Vio que me estaba desnudando y me preguntó:
—¿Qué haces? ¿A caso piensas cogerme?
—Creo que eso te encantaría aparte de que me encargaron que lo hiciera, Ryan me dijo que le excitaría mucho verte coger con otro hombre y me pidió que fuera yo ese hombre.
Ella estaba tan excitada que para ese momento deseaba tanto como yo, hacer el amor. La penetré y fue la emoción más increíble de mi vida, haber logrado estar dentro de la mujer más hermosa, aquella que dominaba mis sentido era algo inigualable. Recuerdo que sus gemidos eran tan excitante que relativamente pronto eyaculé.
Logré descansar un poco y le dije:
—Ryan me ha encargado unas fotos con mi verga en tu boca, así que creo será bueno me la limpies.
Para entonces ella ya se había relajado lo suficiente como para hacer lo que le pedía sin mucho problema. Dedico el suficiente tiempo para que me limpiara la verga así como mis testículos, más bien lo hizo hasta que volvió a verme erecto. No desperdicié el momento y me le volví a echar encima; hasta volví a empinarla para disfrutar de su ano.
Después de que hicimos el amor corrí a avisarle de mi logro a Ryan, quien no podía creerlo. Para mi fortuna eso ayudó a que se alejara ya que no toleraba que lo hubieran cambiado.
Todo fue cambiando mágicamente para mí; por ejemplo: ella se fue sintiendo muy desilusionada ya que había dado tanto por él que se sintió despechada. Y yo traté de estar más cerca de ella con detalles y regalos. Como tenía que suceder mi esfuerzo dio frutos y un día aceptó salir conmigo, bebimos algunas copas y no pudo más con su despecho y aceptó volver a estar conmigo, pero esta vez se abrió y comenzamos una hermosa relación. Ella estaba feliz porque decía que me la gané, que siempre estuve con ella y eso me hacía el mejor hombre del mundo.
A ella no le faltó nada y siempre la llené de regalos aunque fue difícil controlar mis celos. Me volví un hombre muy celos e inseguro sobre todo cuando se hablaban cosas relacionadas a lo vivido con Ryan, o cuando escuchábamos que había mujeres que les gusta hacer el amor sintiéndose como putas. Mis celos me dominaron tanto que no volví a invitar a ningún hombre a casa, salvo en un cumpleaños.
Últimamente había recuperado la cordura y en parte gracias a mi esposa quien me motivo a construir, en el jardín, la sala de juegos que siempre quise y solamente entonces conseguí hacer un par de reuniones. Pero igual esto no va por buen camino, ahora siento que todos mis invitados quieren algo con mi mujer y por si fuera poco la sombrea de Ryan no me deja. Apenas hace unos días me lo encontré comprando en una tienda de ropa, el saludo fue en verdad como de dos verdaderos amigos que se encuentran, nos intercambiamos teléfonos con la promesa de un día vernos, pero fue mero formalismo y nos despedimos. La realidad es que ese encuentro fue de las cosas más desagradables que me pudieron ocurrir. No hablamos del tema principal, pero en el fondo creo que recordamos aquella aventura, cosa que mis celos me hicieron pasar un mal momento. Me sentí inquieto y me preguntaba si mi esposa aún sentiría algo por él, así que se me ocurrió, durante la cena, comentar que me había encontrado a Ryan, para ver su reacción. Para mi gusto ella se mostró indiferente y no noté nada que pueda delatar algo malo, así que agregué:
—¿Crees que aún quiera verte para hacer todo lo que deseaba?
—No seas bobo, esas fueron locuras de adolescente, ahora soy una mujer casada y estoy con quien debo estar, mejor hablemos de cosas más interesante.
Me agradó su respuesta y me dejó tranquilo. Ya que después de mi última salida de ciudad pude sentir que algo había pasado en casa y lo iba descubrir haciéndome hacer las cosas más horribles
MI ÁNGEL
Tener que pedir dinero prestado para que mi hija pudiera comer me hizo ver lo bajo que había caído. Desde la muerte de mi papá las cosas cambiaron drásticamente en mi vida, lo malo que todo fue para mal, dejé de ser la mujer alegre y luchona que a todo mundo encantaba.
Fue entonces que aquella vieja propuesta de mi amiga Verónica no me resultó tan mal, era una propuesta que en otros tiempos rechacé porque me parecía denigrante, pero ahora creo que era una oportunidad para salir adelante.
Ella llevaba prácticamente toda la vida trabajando ahí, en ese table dance y tenía buena relación con los dueños así que me aseguraba me daría la oportunidad de trabajar. Se portó como muy buena amiga tratándome de ayudar a salir adelante. Finalmente me dio ánimos asegurándome que era muy linda y bella.
Desgraciadamente mi primer día de trabajo coincidió con el día de descanso de mi amiga, así que me tocaría estar toda la noche sin conocer a nadie de ahí. Llegar no fue nada fácil sobre todo porque no tenía idea de cómo sería esa experiencia, pero tenía algo muy claro en mi mente; lo tenía que hacer.
En mi guardarropa tenía un jumper que alguna vez me compré porque me encantó, pero jamás lo había usado ya que me parecía bastante atrevido, es decir: era demasiado ajustado y sentía que eso lo hacía demasiado provocativo como para andar en la calle, pero para esta ocasión parecía la ropa perfecta.
Cuando llegué a trabajar no hubo ni un preámbulo simplemente me ordenaron que debía cambiarme en el camerino donde ya había, por lo menos, diez chicas más. Mis nuevas compañeras de trabajo era hurañas conmigo, y más bien parecían mis enemigas ya que entre ellas se hablaban pero a mí no me dirigían la palabra, algunas me miraban como algo raro y solamente una me saludó sonriéndome. Me sentía muy mal en ese lugar y deseaba desaparecer, pero el recordar cuanto necesitaba ese trabajo me hacía recapacitar y aguantar cualquier cosa por mi hija.
Cuando terminé de vestirme salí a la sala y me senté en una solitaria y apartada mesa en donde nerviosamente jugaba con una servilleta esperando el momento en el que debía bailar, pero mientras eso sucedía pasaron varios hombres cerca de mí, quienes me miraban con descaro y uno que otro me decía alguna peladez, por eso mismo no era capaz de sostenerle la mirada a nadie.
No pasó mucho tiempo más para que, a través del equipo de sonido, fuera llamada a hacer acto de presencia en la pista. Aunque no era algo que deseaba hacer en ese momento sólo pensé en subir, hacerlo rápido y acabar con esto. Traté de pensar en todo momento que estaba sola, y comencé a bailar. Mi nerviosismo me hacía bailar torpe e inclusive en un paso estuve por caerme, pero eso no impidió que los hombres me gritaran mil cosas atrevidas, pero yo no quitaba mi expresión seca, nerviosa e incomoda. Llegó el momento en el que tenía que quitare la ropa lo cual hice de la manera más rápida para acabar con esa situación lo más rápido posible, pero fue el momento más efusivo y los gritos de que “que buena, que rica estás etc.” Se escucharon por todos lados. Tomé mi ropa del suelo y salí rápidamente a cambiarme. Tan pronto regresé a mi solitaria mesa un mesero se me acercó y me dijo que se habían interesado en mí, y me dejó un boleto.
—Espera, ¿a qué te refieres?
—Debes bailar un privado al joven de esa mesa —lo señaló con su dedo.
Volteé a verlo y un hombre de mirada tierna, me sonrió amablemente y me guiño el ojo. Era un hombre muy guapo y parecía buena persona, aunque eso no impidió que me siguiera sintiendo más nerviosa sobre todo cuando se levantó y se dirigió hacia mí. Me dio las buenas noches caballerosamente y tomándome de la mano me llevó hasta la zona de privados.
Las manos me sudaban y no me atrevía a comentar nada, iba simplemente con la cabeza agachada muy apenada. Él me miró comprensivamente y comentó:
—Me gustas, no pareces la clásica teibolera maleada, diría que hasta es tu primer día aquí, por eso me llamaste la atención, aparte de que eres muy hermosa —apenas pude sonreír ante sus comentario.
Entramos en una pequeña cabina de 1m x 1.5m en donde únicamente al fondo había una especié de sofá y la puerta no era más que una cortina alta y espesa. Dentro todo era muy oscuro y únicamente una luz rojiza medio nos alumbraba. Mi acompañante se sentó en el sofá y empezó una música. Sabía que tenía que bailarme y minimicé mi nerviosismo pensando en que esto acabaría pronto.
Comencé a bailar menado mi cuerpo, sin duda no iba al ritmo de la canción, sólo me movía porque era lo que tenía que hacer, pero él no desperdició el tiempo y me tomó por atrás jalándome hacia él. Caí sentada sobre él y me susurraba con poderío al oído: “eres muy hermosa y me encantas”. Sus manos ansiosas me tocaban por todos lados, sobre mi jumper. Intenté levantarme y seguir bailando pero rápidamente me volvió a jalar para volver a caer en el mismo lugar. Cuando me di cuenta ya me había bajado el cierre del jumper y metía sus manos tocándome mis senos. No sabía que hacer, no sabía si era parte de lo que debía suceder, no sabía si era realmente lo que se hacía en las cabinas esas, no sabía si dejarme o no; me sentía indefensa. Intenté regresar el cierre, pero él con cierta brusquedad lo volvió a bajar hasta mi vientre y metió su mano intentando llegar a mi vagina, tan pronto la tocó se sonrió y comentó:
—¡Estás muy mojada!
En verdad que me había excitado tanto, tan pronto me había puesto las manos encima sentí que la excitación me atrapaba. No entendía porque estaba así, si era por mi nerviosismo, si era por la necesidad de liberar toda esa tensión o porque aquel hombre era muy guapo, ¡no lo sé!, pero deseaba que ya acabara todo o iba a terminar haciendo cosas de las que me podía arrepentir, lo sabía.
Él no paró en sus manoseos y lo peor que consiguió acariciarme el clítoris, sabía que podía conseguir algo más conmigo si continuaba excitandome. Por fin acabó la canción y conseguí escaparme de sus brazos. Tan rápido estuve parada traté de subirme el cierre de mi jumper, pero él comentó.
—¿A dónde vas, mami? he pagado dos privado.
En eso se asomó un hombre por la cortina y comentó: “va el segundo privado”
Él se levantó y sujetándome por atrás me quitó el jumper a jalones, cuando estaba liberando la parte de mis nalgas hizo que me recargara contra la pared y metió su mano por mis nalgas hasta llegar a mi vagina.
—¡Sigues muy mojada, mami!
Me besaba el cuello, la espalda, me manoseaba cualquier rincón, sobre todo mis tetas y mi vagina. Era evidente que no deseaba que perdiera mi excitación porque de esa manera me tendría atrapada, y la realidad era que ya lo estaba así que cedí para que terminar de hacer su trabajo. Me di cuenta que él también se había desnudado y comentó algo así: “debo darme prisa que mi tiempo se acaba”. Hizo que apoyara mis manos sobre el improvisado sofá así como también una de mis piernas, quedé algo así como si estuviera subiéndome al sofá con las manos y un pie apoyado. Me abrió las nalgas y me echó una buena cantidad de saliva sobre mi vagina palpándomela, sentí que enseguida me colocó su pene en la entrada y solamente la cabecita de la dejó ir hacia dentro. Me perdí en la excitación y hasta deseaba que ya me dejara ir toda su verga, gemí más fuerte, creo que eso lo provocó por que enseguida me la dejó ir toda, sin piedad dándome muy duro, me sujetó con fuerza de la cadera para que aguantara sus embestidas. Se estaba convirtiendo todo en una sensación muy rica y logré tener un orgasmo, y de eso también se dio cuenta, se excitó más mostrándomelo con la furia que me la metía. Sus gotas de sudor caían sobre mi espalda y en ese momento sus gritos anunciaban que venía su semen el cual me echó sobre las nalgas. Se desvaneció sobre mí y me fue besando desde el cuello hasta las nalgas, terminamos justo cuando la canción del segundo privado llegó a su fin.
Pero tan pronto se me fue la excitación me sentí muy apenada, con la resaca de lo que había sucedido, no entendía como por la excitación había hecho eso. Aún estando la cabina comenté muy apenada y temblando de nervios: “no lo debí hacer soy una estúpida” Él trató de portarse muy lindo y me llevó hasta mi mesa, comentó que todo iba a estar bien y me dio las gracias tratando de aligerar mi pena, finalmente se alejó. Conforme pasaba el tiempo me sentí más avergonzada, apenada y arrepentida, no entendía como había hecho tal cosa.
Mientras tanto aquel hombre no dejaba de mirarme constantemente, vi entonces que él junto con sus amigos se levantaron para disponerse a irse. Y se alejaron hasta verlos salir entonces me sentí utilizada como una puta. Cuando de pronto alguien me tocó el hombro, ¡era él!
—Perdón, pero no puedo irme sin despedirme de ti —le sonreí agradeciéndole el gesto, y agregó— me gustaría seguir en contacto contigo.
—No sé si sea bueno eso.
—Te diré la verdad, me gustaría salir contigo y no me agrada estés trabajando aquí.
—Pero debo hacerlo, no lo hago por placer, sino por necesidad.
—Entiendo y por eso mismo quiero que sigamos en contacto tal vez pueda ayudarte, tengo opciones para conseguirte un trabajo.
Me dejó su teléfono y se fue. Esa noche tuve que bailar tres privados más, pero ahora pude controlarme más y no terminé haciendo el amor, pero eso me hizo dar cuenta que no era lugar para mí, así que la mañana siguiente le llamé preguntándole por el trabajo que me podía ofrecer, me comentó que por mientras me podía dar trabajo en su pequeña empresa como secretaria o asistente, le comenté que era madre soltera y como si fuera un ángel que apareció en mi vida agregó:
—No importa, vemos de que manera te puedo ayudar, tal vez puedas meterla a una guardería.
—¿Por qué haces todo esto?
—Me pareces buena mujer, y no deseo te pierdas en un lugar como en el que te conocí.
—¿Lo haces porque te interesa estarme cogiendo, quieres algo así como una puta privada?
—Espera, espera, ¡no digas estupideces que eso me hace encabronar! Si eso te preocupa te daré tu espacio, no te sientas presionada, eres muy linda y me encantas, pero ya veremos si más adelante se da algo.
En verdad que había encontrado un ángel en el lugar menos esperado.
SEXO CON MI PRIMA
Recuerdo que desde muy pequeño (10 años) sentía atracción por una prima (en este caso la llamaré Laura) la cual era muy linda, en ese entonces ella tenía alrededor de 14 años... Ella vivía en una finca de Cundinamarca a la cual yo iba cada vez que tenía vacaciones en el colegio, iba a dicha finca porque ella tiene un hermano (mi primo) que es de ambiente agradable y solíamos salir a jugar a los alrededores de la finca.
Un día llegué a dicha finca donde me recibió mi prima y me dijo que mis tíos (los papás) no estaban porque se habían ido de compras al pueblo, a lo que yo le dije que no había problema, que esperáramos a que llegaran para que recibieran a su sobrino favorito (yo).
Empezamos a hablar de lo que había sido la vida de cada uno en el colegio, pero de un momento a otro no me aguante las ganas que tenía de besarla; así que lo hice, a lo cual mis besos fueron correspondidos por ella. Así pasamos el resto de los días dándonos besos y acariciándonos.
Hoy en día vive en Bogotá en la misma localidad que yo vivo; se vino a vivir a la ciudad por facilidades de estudio y trabajo.
En este momento tengo 20 años y ella tiene 24 y hoy en día es más hermosa de lo que era antes.
Una vez ella me invito a su casa para que conociera su hijo y al esposo, a lo cual accedí y fui a dicha casa.
Fui en la noche, ella estaba en su habitación, conocí su hijo (mi primito) pero no pude conocer al esposo ya que ese día como sábado que se respete se fue a tomar. Le pregunte a mi prima por el esposo, a lo cual ella me respondió que se había ido a tomar y que lo más probable es que esa noche no iba a llegar.
Empezamos hablar de la vida de cada uno hasta que llegó el momento de hablar de las travesuras que hacíamos de pequeños.
Eso nos comenzó a calentar hasta que llegué al punto de besarla nuevamente, a lo cual mis besos otra vez eran correspondidos por ella; mi pene empezó a ponerse erecto al punto que sentía que iba a explotar, le daba besos en el cuello lo que hizo que ella se calentara más y más, le quite el saco que tenía y después el brasier, vi sus hermosos senos (no muy grandes, pero bien paraditos) y me abalance sobre ellos para besarlos, le mordía los pesones a lo cual vi que eso la excitaba más, se los lamía con gran excitación.
Le quite el pantalón y después ese hilo que hacía que sobresaliera su hermosa y mojada vagina... era de esperarse, me abalance a su vagina, lamiéndola y dándole pequeños mordiscos, la penetré con los dedos índice y medio a lo cual vi que gozaba de placer, le lamí su delicioso clítoris hasta que llegó al orgasmo, mojándome la cara por completo de sus deliciosos jugos que con gran placer yo disfrutaba.
Me dijo que no aguantaba más, que quería que la penetrara con mi erecto pene; así que ella me siguió besando, me quitó el esqueleto que llevaba puesto, me tiro a la cama, saco mi pantalón y mis boxer, vio mi pene y se abalanzó sobre él para hacerme un delicioso sexo oral, mientras me lo succionaba y lamía me decía que era delicioso, que lo quería tener dentro su vagina bien mojadita. Eso me calentó aún más, así que la tire sobre la cama, la coloqué boca arriba con las piernas bien abiertas y estabamos tan mojados que le introduje todo mi pene en su vagina sin dificultad, ella gemía de placer, me decía que se sentía delicioso, que le diera más, que no parara, que le rompiera su hermoso coñito con cada una de las penetradas que le daba... Hicimos una y otra posición, nos decíamos cosas sucias para calentarnos más y más, sacaba mi pene de su vagina para meterselo a la boca, lo mojaba más y ella nuevamente se ponía en diferentes posiciones para que su vagina fuera penetrada nuevamente por mi miembro... seguimos así hasta que me dijo que quería todo mi semen en sus senos, a lo cual le seguía dando más duro dentro de su vagina para correrme... Sentí que mi pene iba a estallar, lo saque de su coñito, me puse encima de sus senos, me jalaba mi pene hasta que... me corrí en sus hermosos senos.
Me dijo que la había pasado delicioso, a lo cual le respondí que yo igual, que había sido una gran noche.
Nos vestimos, nos dimos un beso y me fui para mi casa.
Confieso que mientras contaba esto, mi pene se ponía duro.
Que buen sexo tuve ese día