domingo, 23 de agosto de 2015

MI ÁNGEL
Tener que pedir dinero prestado para que mi hija pudiera comer me hizo ver lo bajo que había caído. Desde la muerte de mi papá las cosas cambiaron drásticamente en mi vida, lo malo que todo fue para mal, dejé de ser la mujer alegre y luchona que a todo mundo encantaba.
Fue entonces que aquella vieja propuesta de mi amiga Verónica no me resultó tan mal, era una propuesta que en otros tiempos rechacé porque me parecía denigrante, pero ahora creo que era una oportunidad para salir adelante.
Ella llevaba prácticamente toda la vida trabajando ahí, en ese table dance y tenía buena relación con los dueños así que me aseguraba me daría la oportunidad de trabajar. Se portó como muy buena amiga tratándome de ayudar a salir adelante. Finalmente me dio ánimos asegurándome que era muy linda y bella.
Desgraciadamente mi primer día de trabajo coincidió con el día de descanso de mi amiga, así que me tocaría estar toda la noche sin conocer a nadie de ahí. Llegar no fue nada fácil sobre todo porque no tenía idea de cómo sería esa experiencia, pero tenía algo muy claro en mi mente; lo tenía que hacer.
En mi guardarropa tenía un jumper que alguna vez me compré porque me encantó, pero jamás lo había usado ya que me parecía bastante atrevido, es decir: era demasiado ajustado y sentía que eso lo hacía demasiado provocativo como para andar en la calle, pero para esta ocasión parecía la ropa perfecta.
Cuando llegué a trabajar no hubo ni un preámbulo simplemente me ordenaron que debía cambiarme en el camerino donde ya había, por lo menos, diez chicas más. Mis nuevas compañeras de trabajo era hurañas conmigo, y más bien parecían mis enemigas ya que entre ellas se hablaban pero a mí no me dirigían la palabra, algunas me miraban como algo raro y solamente una me saludó sonriéndome. Me sentía muy mal en ese lugar y deseaba desaparecer, pero el recordar cuanto necesitaba ese trabajo me hacía recapacitar y aguantar cualquier cosa por mi hija.
Cuando terminé de vestirme salí a la sala y me senté en una solitaria y apartada mesa en donde nerviosamente jugaba con una servilleta esperando el momento en el que debía bailar, pero mientras eso sucedía pasaron varios hombres cerca de mí, quienes me miraban con descaro y uno que otro me decía alguna peladez, por eso mismo no era capaz de sostenerle la mirada a nadie.
No pasó mucho tiempo más para que, a través del equipo de sonido, fuera llamada a hacer acto de presencia en la pista. Aunque no era algo que deseaba hacer en ese momento sólo pensé en subir, hacerlo rápido y acabar con esto. Traté de pensar en todo momento que estaba sola, y comencé a bailar. Mi nerviosismo me hacía bailar torpe e inclusive en un paso estuve por caerme, pero eso no impidió que los hombres me gritaran mil cosas atrevidas, pero yo no quitaba mi expresión seca, nerviosa e incomoda. Llegó el momento en el que tenía que quitare la ropa lo cual hice de la manera más rápida para acabar con esa situación lo más rápido posible, pero fue el momento más efusivo y los gritos de que “que buena, que rica estás etc.” Se escucharon por todos lados. Tomé mi ropa del suelo y salí rápidamente a cambiarme. Tan pronto regresé a mi solitaria mesa un mesero se me acercó y me dijo que se habían interesado en mí, y me dejó un boleto.
—Espera, ¿a qué te refieres?
—Debes bailar un privado al joven de esa mesa —lo señaló con su dedo.
Volteé a verlo y un hombre de mirada tierna, me sonrió amablemente y me guiño el ojo. Era un hombre muy guapo y parecía buena persona, aunque eso no impidió que me siguiera sintiendo más nerviosa sobre todo cuando se levantó y se dirigió hacia mí. Me dio las buenas noches caballerosamente y tomándome de la mano me llevó hasta la zona de privados.
Las manos me sudaban y no me atrevía a comentar nada, iba simplemente con la cabeza agachada muy apenada. Él me miró comprensivamente y comentó:
—Me gustas, no pareces la clásica teibolera maleada, diría que hasta es tu primer día aquí, por eso me llamaste la atención, aparte de que eres muy hermosa —apenas pude sonreír ante sus comentario.
Entramos en una pequeña cabina de 1m x 1.5m en donde únicamente al fondo había una especié de sofá y la puerta no era más que una cortina alta y espesa. Dentro todo era muy oscuro y únicamente una luz rojiza medio nos alumbraba. Mi acompañante se sentó en el sofá y empezó una música. Sabía que tenía que bailarme y minimicé mi nerviosismo pensando en que esto acabaría pronto.
Comencé a bailar menado mi cuerpo, sin duda no iba al ritmo de la canción, sólo me movía porque era lo que tenía que hacer, pero él no desperdició el tiempo y me tomó por atrás jalándome hacia él. Caí sentada sobre él y me susurraba con poderío al oído: “eres muy hermosa y me encantas”. Sus manos ansiosas me tocaban por todos lados, sobre mi jumper. Intenté levantarme y seguir bailando pero rápidamente me volvió a jalar para volver a caer en el mismo lugar. Cuando me di cuenta ya me había bajado el cierre del jumper y metía sus manos tocándome mis senos. No sabía que hacer, no sabía si era parte de lo que debía suceder, no sabía si era realmente lo que se hacía en las cabinas esas, no sabía si dejarme o no; me sentía indefensa. Intenté regresar el cierre, pero él con cierta brusquedad lo volvió a bajar hasta mi vientre y metió su mano intentando llegar a mi vagina, tan pronto la tocó se sonrió y comentó:
—¡Estás muy mojada!
En verdad que me había excitado tanto, tan pronto me había puesto las manos encima sentí que la excitación me atrapaba. No entendía porque estaba así, si era por mi nerviosismo, si era por la necesidad de liberar toda esa tensión o porque aquel hombre era muy guapo, ¡no lo sé!, pero deseaba que ya acabara todo o iba a terminar haciendo cosas de las que me podía arrepentir, lo sabía.
Él no paró en sus manoseos y lo peor que consiguió acariciarme el clítoris, sabía que podía conseguir algo más conmigo si continuaba excitandome. Por fin acabó la canción y conseguí escaparme de sus brazos. Tan rápido estuve parada traté de subirme el cierre de mi jumper, pero él comentó.
—¿A dónde vas, mami? he pagado dos privado.
En eso se asomó un hombre por la cortina y comentó: “va el segundo privado”
Él se levantó y sujetándome por atrás me quitó el jumper a jalones, cuando estaba liberando la parte de mis nalgas hizo que me recargara contra la pared y metió su mano por mis nalgas hasta llegar a mi vagina.
—¡Sigues muy mojada, mami!
Me besaba el cuello, la espalda, me manoseaba cualquier rincón, sobre todo mis tetas y mi vagina. Era evidente que no deseaba que perdiera mi excitación porque de esa manera me tendría atrapada, y la realidad era que ya lo estaba así que cedí para que terminar de hacer su trabajo. Me di cuenta que él también se había desnudado y comentó algo así: “debo darme prisa que mi tiempo se acaba”. Hizo que apoyara mis manos sobre el improvisado sofá así como también una de mis piernas, quedé algo así como si estuviera subiéndome al sofá con las manos y un pie apoyado. Me abrió las nalgas y me echó una buena cantidad de saliva sobre mi vagina palpándomela, sentí que enseguida me colocó su pene en la entrada y solamente la cabecita de la dejó ir hacia dentro. Me perdí en la excitación y hasta deseaba que ya me dejara ir toda su verga, gemí más fuerte, creo que eso lo provocó por que enseguida me la dejó ir toda, sin piedad dándome muy duro, me sujetó con fuerza de la cadera para que aguantara sus embestidas. Se estaba convirtiendo todo en una sensación muy rica y logré tener un orgasmo, y de eso también se dio cuenta, se excitó más mostrándomelo con la furia que me la metía. Sus gotas de sudor caían sobre mi espalda y en ese momento sus gritos anunciaban que venía su semen el cual me echó sobre las nalgas. Se desvaneció sobre mí y me fue besando desde el cuello hasta las nalgas, terminamos justo cuando la canción del segundo privado llegó a su fin.
Pero tan pronto se me fue la excitación me sentí muy apenada, con la resaca de lo que había sucedido, no entendía como por la excitación había hecho eso. Aún estando la cabina comenté muy apenada y temblando de nervios: “no lo debí hacer soy una estúpida” Él trató de portarse muy lindo y me llevó hasta mi mesa, comentó que todo iba a estar bien y me dio las gracias tratando de aligerar mi pena, finalmente se alejó. Conforme pasaba el tiempo me sentí más avergonzada, apenada y arrepentida, no entendía como había hecho tal cosa.
Mientras tanto aquel hombre no dejaba de mirarme constantemente, vi entonces que él junto con sus amigos se levantaron para disponerse a irse. Y se alejaron hasta verlos salir entonces me sentí utilizada como una puta. Cuando de pronto alguien me tocó el hombro, ¡era él!
—Perdón, pero no puedo irme sin despedirme de ti —le sonreí agradeciéndole el gesto, y agregó— me gustaría seguir en contacto contigo.
—No sé si sea bueno eso.
—Te diré la verdad, me gustaría salir contigo y no me agrada estés trabajando aquí.
—Pero debo hacerlo, no lo hago por placer, sino por necesidad.
—Entiendo y por eso mismo quiero que sigamos en contacto tal vez pueda ayudarte, tengo opciones para conseguirte un trabajo.
Me dejó su teléfono y se fue. Esa noche tuve que bailar tres privados más, pero ahora pude controlarme más y no terminé haciendo el amor, pero eso me hizo dar cuenta que no era lugar para mí, así que la mañana siguiente le llamé preguntándole por el trabajo que me podía ofrecer, me comentó que por mientras me podía dar trabajo en su pequeña empresa como secretaria o asistente, le comenté que era madre soltera y como si fuera un ángel que apareció en mi vida agregó:
—No importa, vemos de que manera te puedo ayudar, tal vez puedas meterla a una guardería.
—¿Por qué haces todo esto?
—Me pareces buena mujer, y no deseo te pierdas en un lugar como en el que te conocí.
—¿Lo haces porque te interesa estarme cogiendo, quieres algo así como una puta privada?
—Espera, espera, ¡no digas estupideces que eso me hace encabronar! Si eso te preocupa te daré tu espacio, no te sientas presionada, eres muy linda y me encantas, pero ya veremos si más adelante se da algo.
En verdad que había encontrado un ángel en el lugar menos esperado.

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