martes, 25 de agosto de 2015

SARA: ¡Hola primo!
VICENTE: ¡Primita! ¡Cómo estás!
Ambos primos se saludaron con un beso y un abrazo. Desde pequeños se habían llevado muy bien juntos, y este hecho, ahora al final de la veintena no había cambiado.
VICENTE: ¿Qué tal está tu novio, Luis?
SARA: Bien… Gracias por acompañarme hoy con el coche a hacer las compras de Navidad. No te abría molestado si no fuera porque justo hoy tiene que trabajar.
VICENTE: nahhh. No te preocupes, yo encantado.
Llegaron al centro comercial, y Vicente se recreó viendo cómo bajaba su prima del coche. Su abrigo no dejaba apreciar gran cosa, pero sus vaqueros ceñidos divulgaban la esbelta figura de la chica.
Las compras se prolongaron hasta por la tarde, y tuvieron que hacer entre medias una parada para comer en el propio centro comercial. Atardecía cuando Vicente se disponía a devolver a Sara a su casa.
VICENTE: antes de volver a casa me gustaría llevarte a un sitio cercano al que íbamos de pequeños.
Sara estaba contenta de estar en aquel sitio. Debido al frío propio del invierno, no había nadie en aquel prado con mesas donde de pequeños solían hacer picnics familiares. Pasearon un rato juntos y muertos de frío se metieron juntos en la parte de atrás del coche.
SARA: ha sido un día genial, gracias Vicente.
VICENTE: gracias a ti. ¿Te acuerdas aquel día que jugamos a beso, verdad, mentira y atrevimiento?
SARA: ja, ja, ja. ¡Cómo olvidarlo! Si nos enseñaste el pito a mi hermana y a mí.
VICENTE: ¡Anda que no os reísteis!
SARA: ¿y qué quieres, una compensación por ello?
VICENTE: ¡Pues sí!
Sara se desabrochó el abrigo, cogió una mano de Vicente y la acercó a uno de sus pechos. Éste sonrió, y sin perder el tiempo sacó la teta fuera y la manoseó. Dejó la otra al descubierto y tras acariciar sus pezones rosados, los chupó con la punta de la lengua.
VICENTE: No sabes la de pajas que me he hecho pensando en ti, Sara.
SARA: ay Vicentito, cómeme bien las tetas.
El aludido las estrujó entre sus manos y las babeó a base de chupadas y lametones. Empezaron a morrease al tiempo que Sara acariciaba con su mano el paquete de él. Vicente le ayudó a quitarse la parte de arriba y el sujetador para volver a cargar con sus tetas.
SARA: a ver cómo está esa pollita, que hace tiempo que no la veo.
Hábilmente, la morena desabrochó y metió la mano dentro del pantalón de él. Y él, hizo lo propio. Se masturbaron bajo la ropa entre gemidos ajenos a que estaban en un sitio público. Sara se las ingenió para sacar la polla de Vicente y empezó a masturbarle con rapidez.
SARA: ¿quiéres que te la chupe? – le dijo al oído
VICENTE: siiiiiii.
SARA: ¡pídemelo!
VICENTE: chúpamela. Chúpamela. ¡Por favor, chúpamela!
Sara, obediente, se inclinó y empezó a chupársela. Él le manoseaba las tetas y de vez en cuando le acariciaba el pelo.
SARA: ahora me toca a mí. ¡Primo, cómeme el coño!
Sara se tumbó y su primo le quitó el pantalón y el tanga. Ella abrió las piernas y el chico hundió su cabeza entre sus piernas.
SARA: síiii primooo. Mmmmm. Me encanta.
VICENTE: ¿quieres que te folle primita?
SARA: siiii Vicenteee. ¡Fóllameee!
Se subió encima suya y empezó a metérsela en la postura del misionero. Ella no paraba de gemir al mismo ritmo que sus tetas saltaban con cada embestida.
SARA: siéntate.
Él obedeció, y ella se subió encima de él cabalgándole. Vicente le estrujaba y chupeteaba las tetas mientras ella cabalgaba.
La chica cambió de postura y se puso a cuatro patas esperando a que le penetraran. Él no se hizo de rogar y se la metió de un empujón. Con la fuerza de las embestidas Sara apoyó su cara contra el cristal.
VICENTE: joder Sara, estoy a punto de correrme.
Ella se sentó en el asiendo y empezó a chupársela mientras le masajeaba los huevos. Él gimió y ella se la sacó de la boca mientras le seguía masturbando. Largos chorros de semen cruzaron líneas sobre la cara y un pecho de la chica.
VICENTE: ha sido increíble Sara.
SARA: espero que no sea la última vez.

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